Estaba acostado boca arriba. Estaba en el pasto. Estaba mirando al cielo. Estaba cayendo una hoja al suelo. Estaba escuchando las voces a mi alrededor. Estaba pensando y pensando en su voz. Estaba realmente viviendo. Estaba sintiéndome dichoso de estar. Estaba mirando los aviones pasar. Estaba observando el cielo. Estaba pensando en estar pensando. Estaba en sus pupilas mi mirada. Estaba su luz brillando en mis retinas. Estaba deseando una diversa realidad. Estaba soñando con su sonrisa. Estaba en su comisura coqueta. Estaba recordando su tacto. Estaba amando estar. Estaba siendo feliz. Estaba con su perfume en la nariz. Estaba su olor aquí. Estaba contemplando el cielo. Estaba recargada mi cabeza en mis brazos cruzados. Estaba acomodando mi pensamiento. Estaba recordando. Estaba olvidando. Estaba frente a mi memoria. Estaba viviendo muerto. Estaba durmiendo despierto. Estaba respirando ahogado. Estaba sumida en mi cabeza una insondable sensación de mirar atrás. Estaba siendo y viendo, solo viendo. Estaba mi ojo derecho cerrado por la luz. Estaba el izquierdo aguantando un rayo más del sol. Estaba la luz traspasando las hojas. Estaba esa sombra en mi frente. Estaba el viento. Estaba la tierra. Estaba el agua. Estaba el fuego. Estaba la primavera. Estaba el invierno. Estaba el otoño. Estaba el verano. Estaba el cielo. Estaba el infierno. Estaba bajo la bóveda del tiempo. Estaba una y mil ramas. Estaba una y mil raices. Estaba una roca. Estaba bajo los pirules.¹
¹ Los pirules abundan en Ciudad Universitaria, en la Universidad Nacional Autónoma de México. Frente a la Biblioteca Central hay varios. Sus ramas largas y colgantes desprenden un aroma intenso, y entre las hojas cuelgan pequeñas bolitas rojas - la llamada “pimienta rosa” - que, además de adornarlos, sirve para algunos remedios.
Escribo esto mirando los pirules desde las ventanas de un salón, que dan hacia las islas del campus central. Hay uno junto al espejo de agua, que siempre me hace estar. Pero ahora no estoy ahí. Estaba ahí. Estar bajo ese pirul es sentir la misma tierra que pisaron otros. Es cobijarse a la misma sombra que calmó el calor de otros. Bajo el pirul hay una línea atemporal de sensaciones. Estaba desde hace mucho ahí.